logo_come_food.png

BETA

Guinness Storehouse


Dublín, Irlanda


La casa central de la cerveza Guinness es una visita imprescindible en Dublín para turistas y para los amantes de la cerveza en cualquiera de sus variedades, pero muy especialmente la negra.



Al publicar esta reseña hay que advertir a los lectores que desde el World Gastronomy Institute -que edita COMEFOOD- no somos imparciales: adoramos la cerveza Guinness y tenemos una enorme simpatía por la gente que gestiona la Guinness Storehouse, ya que en 2019 celebramos en sus instalaciones la ceremonia de entrega de la Medalla de Honor a John Clancy, el Director Educativo de Worldchefs. La amabilidad extrema de los de Guinness, su disposición a colaborar y la maravillosa vivencia que disfrutamos, nos ganó para siempre.




´Guinness Storehouse` no es exactamente un museo, ya que se define como espacio temático, pero bien merece la definición, ya que el recorrido propuesto como experiencia y las colecciones que contiene, la hacen acreedora de las mayores consideraciones. El edificio (´storehouse` se debería traducir como almacén, si bien en este casi sería más adecuado ´factoría`) data de 1904 como lugar de fermentación para la cerveza y desde el año 2000 es la sede abierta al público de la marca.


Guinness Storehouse es mucho más que una antigua fábrica de cerveza reconvertida a museo, en realidad es un símbolo de Dublín, una visita obligada al mismo nivel que el Vaticano en Roma, el Louvre en París o Santa Sofía en Estambul. Y no es una exageración motivada por el cariño, la cultura de los pubs y las pintas de cerveza forman parte constante e ineludible de la vida dublinesa, tan costumbrista y cuasi-religiosa, que esto convierte a la Guinness Storehouse en la catedral de la cerveza, el grial de los muy cerveceros. Todo un icono representativo de la ciudad que se graba en la memoria del visitante, que de seguro atesorará recuerdos de su paso por la Guinness, al igual que recordará la proverbial simpatía de los irlandeses o que los más gourmets nunca podrán olvidar el mítico estofado llamado ´Irish Stew` o el ya internacional Café Irlandés, que pasarán a formar parte de su vida y su memoria.





En el emplazamiento por antonomasia de la cerveza Guinness, lógicamente todo gira en torno a la cerveza, demostrando a cada paso las maravillas que se pueden lograr partiendo tan sólo de cebada, malta, lúpulo, levadura y agua. El milagro de la cerveza es el resultado de los conocimientos empíricos transmitidos de generación en generación, de los avances logrados por aportes de los emprendedores y visionarios que dedicaron su vida a la cerveza, del esforzado trabajo de los muchísimos trabajadores que han vivido sus existencias de forma asociada a esta bebida, y por supuesto a la demanda que ha habido, hay y habrá siempre por esta fantástica pócima.


La Guinness es una cerveza negra de malta tipo Stout que se elabora desde mediados del siglo XVIII en Dublín y en la actualidad pertenece al grupo alimentario internacional Diageo, poseedora de ocho de las veinte bebidas alcohólicas más vendidas en el planeta. Poderío. El nombre de Diageo proviene de la fusión de la palabra en latín ´día`, que significa igualmente ´día` y la palabra grieta ´geo`, traducida como ´mundo`, evocando que todos los días, en todos los lugares, alguien está bebiendo un producto de la compañía.


Tan relevante es la Guinness para Irlanda, que el símbolo de su logotipo, el arpa, identificado plenamente con el país, está registrado y cuando el Gobierno quiso utilizarlo como enseña nacional, tuvo que variar la ilustración invirtiéndola. Su influencia es asimismo internacional, especialmente en Norteamérica debido a las grandes migraciones irlandesas, aunque una Guinness se puede encontrar en casi cualquier país del mundo, y en los pocos que no, al menos conocen el Libro Guinness de los Records. Editado por esta cerveza.

La Guinness Storehouse está ubicada en un barrio bastante céntrico, por lo que es posible llegar paseando desde muchas de las zonas más hoteleras. La fachada respira un aire industrial con cierto romanticismo por los tiempos que se fueron e invita a conocer su interior, que sorprende por su mastodóntico tamaño, perfecta decoración e iluminación ad hoc.


Rodeando la antigua fábrica se aprecia su solera y característica arquitectura que incluye pasos elevados que comunican zonas del edificio, destacando la famosa puerta gigante con el logo de la Guinness, una foto que nadie se puede perder.





Tras atravesar la St. James’s Gate los visitantes descubren una copia del contrato de arrendamiento por el fundador Arthur Guinness que tiene la peculiaridad de que es por nada menos que 9000 años. Seguidamente, conocerán la Sala de Tueste (Roast House) donde la cebada se ´cocina` a 232º C para pasar a las dependencias más antiguas, con barricas de más de dos siglos e ir por el túnel subterráneo que lleva a la Brewhouse 4, la fábrica moderna donde se elabora la cerveza en la actualidad.

La Guinness Storehouse cuenta con siete pisos y cinco amplias plantas que se transitan de forma unidireccional, en un recorrido guiado de forma intuitiva, que lleva al visitante a conocer el mundo de la cerveza y de la marca, las formas de elaboración, la historia y muchas curiosidades de interés e incluso una buena colección de la evolución de la publicidad de Guinness a lo largo del tiempo. Para completar la inmersión, con la entrada Premium, opcionalmente se puede asistir a una cata de degustación de diversas cervezas en el ´The Connoisseur Bar` o asistir a una clase de "tiraje" de cerveza en la ´Academy`.


Una de las actividades que más triunfan entre los foodies tecnológicos –y no tan tecnológicos- son las denominadas ´Stoutie` que preparan. Son una especie de selfies, con las caras de los visitantes “impresas” sobre la espuma de una cerveza perfectamente tirada. Cada STOUTie, obviamente, va personalizada y el proceso, aunque rápido, ofrece un resultado muy efectista.


Sí, efectivamente, es un Brewery Tour por una atracción turística, propiedad de una marca comercial, así es, pero tan bien organizado y con tanto encanto, que el disfrute está asegurado gracias a las instalaciones con juegos visuales y de luz, así como numerosos elementos interactivos. Sólo una queja: al menos por el momento, el idioma español no está disponible en las pantallas.

El itinerario ´oficial` termina tomando una pinta en el Gravity Bar, en donde hay un mirador con magníficas vistas de 360º sobre la ciudad. Por descontado, la cerveza que se puede degustar en el Gravity Bar cumple con los exigentes estándares de Guinness y está tirada de forma perfecta, con mucho oficio y cariño. Como consideración hacia aquellos que la cerveza engorda, hay que indicar que una pinta de Guinness, 56,8 centilitros, tiene menos calorías que la misma cantidad de leche desnatada o zumo de naranja.




Antes de dar por finalizada la magia y regresar a las calles de Dublín, conviene dedicar un rato a curiosear por la tienda del museo, con innumerables objetos de merchandising de la marca Guinness, tantos que es imposible imaginarlo sin conocer la tienda, siendo un magnífico lugar para adquirir unos souvenirs para amigos y familia. En la más que amplia propuesta, una recomendación para los aficionados a la gastronomía. No son fáciles de encontrar entre tanto objeto, ni siquiera preguntando en los mostradores, pero ahí están si se buscan: unas cucharillas decantadoras denominadas ´Guinness Pouring Spoon` que sirven para preparar un cóctel sorprendente con el que quedar estupendamente. Gracias a la cucharilla, es posible reparar un ´Half & Half`, es decir, la mitad del vaso alto de cristal preparado con cerveza rubia tipo Lager y la otra mitad con cerveza negra tipo Stout, ¡sin que se mezclen! El resultado visual es espectacular -sólo hace falta practicar un par de veces a solas- y en la cata, muy agradable ya que las cervezas no llegan a mezclarse y se disfruta de los dos sabores y texturas en un único vaso. Otras variantes de este cóctel, que a día de hoy es más popular entre los descendientes de irlandeses en América que en la propia Irlanda, son el ´Black Velvet`, compuesto por Guinness y Champagne -exquisito, delicado- o el ´Mediterranean Velvet`, con Guinness y Zumo de Naranja, desarrollado en unas sesiones de cata por el WGI en 2019. Las Pouring Spoon son un recuerdo, y un regalo, perfecto ya que son razonablemente económicas, no pesan ni abultan, y para más ende, son útiles.





En situación de normalidad, Dublín tiene un gran flujo de turismo constante y cómo es muy probable que caiga algo de lluvia en cualquier mes del año, no hay nada que indique que haya un momento mejor o peor para visitar la ciudad y la Guinness Storehouse, si bien es recomendable ir a diario ya que los fines de semana puede tener mucha afluencia de gente.


Dependiendo de la hora de la visita, si es de día las vistas desde el mirador son mejore y además cuentan con dos restaurantes que pueden ser una buena opción para comer algo que acompañar con “otra pinta”, en el informal Arthur's Bar o un menú a la carta en el 1837 Bar & Brasserie y, de paso, brindar por la memoria de Arthur Guinness…

Una vez se haya conocido la Guinness Storehouse, es más que probable que la afición por la cerveza negra vaya a más, por lo que no está de más recordar que hay que beber siempre con moderación, a la vez que se recomienda tomar unas pintas o medias pintas de Guinness en los numerosos y sociales pubs de Dublín como Kehoe´s, Grogan´s (excelentes sus tostaditas de Cheddar) , mientras se camina hacia el Trinity College o la Catedral de San Patricio, se siguen los pasos de James Joyce o se hace una parada en el recoleto bar Leo Burdock, donde sirven el ´Fish and Chips` más famoso del mundo.


Y si el tiempo da para ello, una gran idea es planificar una escapada de un día a los grandiosos Acantilados de Moher, con cinematográficos paisajes que conmueven el alma aunque el turista avezado debe estar advertido de que el viaje en autobús es algo tedioso y las paradas obligatorias que hacen están diseñadas por las empresas de tours para “guiris” (caro y malo), por lo que conviene que cada cual lleve su propia comida en plan pic-nic y en las paradas limitarse a adquirir unas buenas Guinness.


HORARIOS: Miércoles a domingo de 14.00 a 21.00 h (última entrada a las 20.00 h). Cerrado los lunes y martes.

Atención: en abril de 2021 la Guinness Storehouse permanece cerrada temporalmente por el Covid-19, si bien los restaurantes están abiertos con restricciones.

Nota: los niños menores de 12 años no pagan entrada y sólo pueden beber cerveza los mayores de edad.


St. James's Gate, Dublin 8, Ireland

www.guinness-storehouse.com



Copyright imágenes: Imagen 1 y 2 Archivo World Gastronomy Institute, 3 Steven Lek, <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons, 4 Greatal386 at English <http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/>, via Wikimedia Commons, 6 guinnessstorehouse.com, de la 6 a 12 Archivo World Gastronomy Institute, 13 José Manuel Iglesias Collection, 14 Archivo World Gastronomy Institute



FOOD MUSEUMS